Wednesday, May 11, 2005

 

¿Toda Europa fue liberada en 1945?

Estuve alejado de mi blog varios dias (un caso serio de "Blogathy"), pero despues de observar en días pasados los actos en conmemoración al fin de la segunda guerra mundial (en el viejo continente), no pude contener mi indignación al ver como se alababa al ejército rojo por la victoria en frente del nazismo y se realizaban demostraciones muy al al estilo soviético en Moscú. Es cierto que el nazismo fue terrible, pero las atrocidades cometidas por el régimen soviético, incluso durante la segunda guerra mundial pareciesen haber sido olvidadas por el mundo entero, al punto que hay muy pocos que alzamos la voz para condenarlas. Y es que Europa no fue liberada por la URRS, la verdadera liberación de Europa empezó en el Dia D y culminó cuando el Muro de Berlín fue destruido. La URSS no liberó Europa del Este con la contraofensiva de 1943, solo reemplazó régimenes terribles por otros aún peores.
Revisando entre artículos de Neoliberalismo.com, me encontré con este, de Alain Besancon, muy interesante sobre el Comunismo y el Nazismo:

por Alain Besancon

Traducción: Adolfo Rivero

En mi país, todavía es posible provocar un escándalo planteando en público el tema de los crímenes cometidos por el Comunismo, y un escándalo todavía mayor al sugerir que no sólo en la enormidad de sus crímenes sino también en su misma naturaleza, el comunismo soviético puede compararse con el otro gran mal de nuestro siglo, el nazismo. Esto quedó ilustrado una vez más por un reciente bestseller francés, El Libro Negro del Comunismo, una compilación de 846 páginas hecha por seis historiadores cuya introducción apunta una serie de rasgos comunes entre los dos sistemas totalitarios. El libro ha levantado una tempestad de controversia en los círculos intelectuales y políticos, e incluso ha provocado polémicas en el parlamento.

La controversia es clarificadora, menos por las posiciones particulares que se adoptan como por revelar la magnitud de la resistencia a una idea que hace rato consiguió status de consenso entre los que han estudiado estas cuestiones de cerca, es decir, la idea de que el bolchevismo y el nazismo son fenómenos relacionados: gemelos fraternales, para usar la certera frase del historiador francés Pierre Chaunu.

Estas dos ideologías monstruosas, cada una de ellas un bastardo retoño de la filosofía romántica alemana, llegaron al poder en el siglo XX, y cada de ella tomó como meta producir una sociedad perfecta desarraigando el elemento maligno que se interpusiera en su camino. En el caso del comunismo, la malignidad se definió como la propiedad, luego como los dueños de la propiedad y más tarde, puesto que el mal habría de persistir aún después de la liquidación de esta "clase," como cualquiera que hubiera sido corrompido por el espíritu del "capitalismo," infiltrado en las mismas filas del Partido Comunista. En el caso del nazismo, la malignidad se localizó en las llamadas razas inferiores, sobre todo los judíos pero, puesto que el mal persistiría tras su exterminio, también en otros, inclusive en esos elementos de la "raza aria" cuya "pureza" se había contaminado.

Al abordar el problema del mal como ellos lo veían, tanto el comunismo como el nazismo derivaron su autoridad de la ciencia. Ambos estaban creando un "hombre nuevo," y, a este fin, proponían reeducar toda la humanidad. Más aún: cada uno dijo estar movido por impulsos filantrópico. Era precisamente porque buscaba el bienestar del pueblo alemán, y porque quería servir a la humanidad, que el Nacional Socialismo estaba dispuesto a "cargar" con la tarea de deshacer al mundo de los judíos. El leninismo estaba todavía más desvelado por la humanidad y era, por definición, más universalista en su misión que el nazismo, cuyo programa no era tan fácilmente exportable. Pero ambas doctrinas sostenían elevados ideales, calculados para despertar la entusiasta devoción y la acción heroica en sus seguidores.

Fue, en última instancia, a nombre de esos mismos ideales que nazismo y comunismo se arrogaron el derecho de asesinar a categorías enteras de hombres, que es exactamente lo que procedieron a hacer al asumir el poder, y en una escala previamente desconocida en la historia. Y es por eso qué es correcto juzgarlos como sistemas intrínsecamente criminales. ¿Igualmente criminales? Cualquiera que haya estudiado los expedientes de ambos sistemas homicidas- el nazi, sin paralelo en su ferocidad, y el comunista, sin paralelo en su extensión- o haya reflexionado sobre el destino de los millones y millones de hombres cuyos espíritus fueron aplastados aunque sus cuerpos hubieran logrado sobrevivir, tiene que responder simple y firmemente que sí, que igualmente criminales.
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