Friday, February 11, 2005

 

La falacia del déficit comercial

Por Alejandro Alle
Lo relevante de importaciones y exportaciones es que se puedan hacer sin interferencias de los gobiernos. Ninguna es “buena” o “mala” por sí. El comercio internacional no tiene ninguna diferencia con el nacional

Si le pregunto qué es el saldo comercial de un país, usted me va a decir que es la cifra que surge de sumar el valor en dinero de todas las exportaciones, y restarle el valor en dinero de todas las importaciones. Si hay más exportaciones que importaciones, el saldo comercial es positivo, ¿no? Y si le pregunto por un buen vino, usted me va a decir que el francés es su favorito.

Entonces le voy a contar una historia de Frederic Bastiat, un economista francés del Siglo XIX. Cuenta Bastiat que un comerciante llamado Pierre compró un lote de vino en Francia y lo transportó a Inglaterra, donde lo vendió caro. Con el dinero de la venta, Pierre compró mucho algodón inglés, que llevó a Francia para vender.

¿Qué registró la aduana francesa? Cuando Pierre salió con el vino, una exportación por un valor determinado. Y cuando volvió con el algodón, una importación por un valor mayor. La realidad es que Pierre, un excelente comerciante, volvió lleno de algodón. Y gracias a él, los parisinos pudieron comprarle todo lo que necesitaban. Pero la aduana dijo que “por culpa de Pierre”, Francia había tenido un “saldo comercial negativo”. ¿Lo bueno es malo?

Sigue contando Bastiat que otro comerciante llamado Jacques, que no era tan hábil para los negocios, quiso hacer lo mismo. Compró un lote de vino en Francia, y lo transportó a Inglaterra. Pero como se le arruinó en el viaje, lo tuvo que vender barato. Con el dinero obtenido, Jacques pudo comprar menos algodón. Que llevó a Francia para vender.

¿Qué registró la aduana francesa esta vez? Cuando Jacques salió con el vino, una exportación por igual valor que en el caso anterior. Pero cuando volvió con el algodón, una importación por un valor menor. La realidad es que Jacques, un mal comerciante, volvió con poco algodón. Y por culpa de él, los parisinos no pudieron comprarle todo lo que necesitaban. Pero la aduana dijo que “gracias a Jacques”, Francia había tenido un “saldo comercial positivo”. ¿Lo malo es bueno?

¿No le parece que hay algo raro? ¿Así que en comercio internacional lo bueno es malo? ¿Y lo malo es bueno? ¿O será que nos quieren confundir?

El aparente contrasentido es porque en comercio internacional las exportaciones se toman como “positivas”, y las importaciones como “negativas“. Ud mismo me lo dijo cuando estuvo de acuerdo en la definición de saldo comercial (ahora no me diga que no…).

¿Quién dijo que era “positivo” para los consumidores franceses que se llevaran a Inglaterra un barco lleno de vino? ¡Quedaron con menos vino! ¿Y quién dijo que era “negativo” para los consumidores franceses que les abastecieran de algodón inglés? ¡Tuvieron más algodón!
Claro que esa definición de “positivo” y “negativo” no fue casual. Ni inocente. Su raíz está en las ideas mercantilistas, que surgieron durante los siglos XVI y XVII, impulsadas por “hombres prácticos”, que por ser exitosos en sus negocios, fueron considerados expertos en economía. ¡Cuidado!, tuvieron descendencia…

Los mercantilistas decían que la riqueza de un país consistía en la cantidad de dinero acumulada. Por ello, recomendaban estimular las exportaciones, y limitar las importaciones. ¿De dónde salió la elección de los signos? De analizar el movimiento del dinero, y no el de las mercaderías. ¿Cómo dice? Claro, una exportación es “positiva”, porque “el país queda con más dinero”. Y una importación es “negativa”, porque “el país queda con menos dinero”. Gol mercantilista, y terminó el partido. Ganó la falacia.

No es cierto que “los países” comercien: los intercambios son siempre entre personas, que en este caso viven en distintos países. ¿El Salvador le compra carros a Japón? No. Un comerciante salvadoreño le compra carros a un fabricante japonés. ¿Alemania le compra café a El Salvador? No. Un comerciante alemán le compra café a un productor salvadoreño.

Tampoco es cierto que “el país” quedará con más o menos dinero, ya que el dinero no es “del país”, sino de las personas que comercian. El comerciante salvadoreño paga con su dinero los carros que le compra al fabricante japonés. Y el productor salvadoreño cobra su dinero por el café vendido al comerciante alemán.

Lo relevante de importaciones y exportaciones es que se puedan hacer sin interferencias de los gobiernos. Ninguna es “buena” o “mala” por sí. El comercio internacional no tiene ninguna diferencia con el nacional.

¡Ah!, mientras se toma el Cabernet Sauvignon, escuche un CD de Bruce Springsteen. Disfrútelo, aunque él sea nacido en Estados Unidos.

Comments:
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